La Memoria Escrita
Fotografías de las bibliotecas de especial interés de Galicia.
Galeria
Para muchas personas la mejor forma de plasmar sus pensamientos y sensaciones es la escritura. Una descripción literaria quizás evoca el lugar y crea un juego imaginativo que puede reconstruir una realidad con la colaboración del lector.
Sin embargo las palabras no son el vehículo de mi trabajo, son las imágenes y la intención es que su contenido trascienda la mera representación.
El trabajo, consistente en fotografiar las bibliotecas de especial interés de Galicia, ha sido, para mi, uno de los más especiales que he realizado.
Hay tres factores que han colaborado a ello:
El primero es mi amor y admiración por los libros, por su forma, por su tipografía y el conocimiento que hay en ellos. Miles han desfilado delante de mis ojos, libros con historia, incunables y manuscritos únicos sobre pergamino lustroso acariciado por las manos del tiempo.
El segundo es el entorno, los edificios y las bibliotecas donde están guardados. bellos pazos como el de Otero Pedrayo, acariciado por la luz de otoño. Monasterios con cientos de años de historia que representan la búsqueda de la paz, la espiritualidad y el silencio. Archivos donde la historia se torna tangible en legajos antiguos.
El tercer factor ha sido el redescubrimiento de Galicia, sus carreteras y sus bosques, sus casas y sus campos.
Es un bellísimo territorio en el que todavía hay sitio para las leyendas de la pura belleza de destilan sus caminos que el otoño ha vestido de miles de matices de amarillo, de rojo y cómo no de verde.
El planteamiento del trabajo ha sido buscar de una parte el contenido documental necesario y de otra, más personal, la búsqueda espiritual e intelectual que me inspiran estos lugares, archivos y bibliotecas, donde está guardada nuestra historia y cultura milenarias.
Agradezco a todos los bibliotecarios su colaboración y paciencia, especialmente al Padre José Luis Vélez, Prior del Monasterio Samos, a Fray Jerónimo, bibliotecario del Monasterio de Poyo y al Padre Damián, bibliotecario del Monasterio de Oseira, por su guía y generosidad al contestar a las múltiples preguntas que les he realizado.
También agradezco a Daniel Buján y al equipo del Centro Superior Bibliográfico de Galicia por facilitarme los contactos con estas personas y entidades.
Por último, recordar a las personas que han conseguido que estas joyas de la cultura lleguen hasta nosotros, joyas que son tan importantes que, a veces, parecen serlo más que las personas que las guardan.
A todas ellas va dedicado este trabajo.
Luis Alonso Ocaña.